domingo, 6 de enero de 2013

SueñosxManchasxRojo

SUEÑOS x MANCHAS x ROJO

By BastardoSuicida

Los recuerdos aún no lo dejaban dormir. Un cúmulo de ansiedades agolpaba sus sueños con forma de sombras y sangre: siluetas indefinidas y los gritos desgarradores de su tribu. Su eco persistía doloroso, alma adentro, pese al tiempo, pese a los nuevos amigos.
Cuando mató a Ubog pudo sentir la satisfacción de mermar el dolor. Algo fue. Los ojos dilatados de su enemigo, exangüe, derrotado, sin vida: ya no era el mismo. La muerte vino a saciar una sed que su soledad hacía crecer en estepas de vehemencia. Era una soledad espesa y difícil de llevar. No tenía sabores de preguntas por la existencia, era un abandono que pendía de causa única: “la araña”.
Estuvo cerca de enfrentar al líder, concretar definitivamente su venganza y por fin apagar el odio que lo carcomía por dentro, furioso y paciente, ansioso e indominable. Pero el costo de perder a Gon, y Killúa, generó una posibilidad imprevista. La imágenes de los sueños se repitieron en un horror abismal desencadenado por la sola idea de perder a sus amigos. La imagen de Kuroro y del Genei se disolvía como el sol en el atardecer. Pero la furia del ojos rojos solo quedó dormida. No quería perder seres amados, de nuevo.

Efectivamente el afán por vengarse lo dominó incluso al momento de elegir su técnica Nen. El dolor era infinito. Su sangre se anegaba de sentimientos perversos, agitaba su corazón, controlaba su espíritu. Su objetivo posibilitó materializar una cadena que exteriorizara su ira y convirtiera en realidad el imperativo de matar a su enemigo. Y lo logró a medias. Todo por aquél maldito intercambio.

Zenritsu lo vigilaba desde la cocina y cuando podía se aproximaba al borde de la cama a mirar el bello rostro de Kurapica. Imaginaba, según los latidos de su sueño, el motivo del tormentoso paseo de su amigo y jefe, por la inconsciencia. No podía curarlo. Luego, sudoroso y jadeante despertaba en la oscuridad y lo apuntaba con sus perturbados y encendido ojos rojos.
- espera, Kurapica...espera!!!- gritaba la pequeña antes de ser atacada por la cadena.
Y el vengador recuperaba el conocimiento.
Los sueños que tenía se turnaban para repetirse: eran los mismos. La imagen perpetua de su clan siendo masacrada permanecía en él en todas las formas que la crueldad puede asir los pedazos del cuerpo humano, mientras retornaba a él la realidad, el presente, la habitación con sus amigos en paz, sin gotas de sangre, sin cabezas rotas. Zenritsu le convidó agua.
- Por qué uno promete cosas que no puede cumplir.....- preguntó el rubio con la mirada perdida en el cabello de su amiga maldita.
- Porque uno siempre quiere demostrar que puede cambiar por amor – dijo pausadamente, oyendo el compás de sus propios latidos. Kurapica no dijo nada. Suspiró profundo y extendiendo la sábanas se levantó de la cama. Zenritsu prendió la luz.
- ¿Crees que estaré bien pronto?- dijo incrédulo – quiero ver a Leorio-
A fuera la noche radiaba una luna triste. Ritsu lo miró en silencio y supo que el sueño de Kurapica no había terminado.

X

Kuroro Lucifer bajó del tren sin apuro, vestido con la casaca peluda y con el signo de la muerte en la frente. Su mirada indiferente proyectaba serenidad y tedio. También inspiraba temor. Las negras pupilas fijas mirando la nada, dejaba nervioso incluso a Franklin; incluso ahora que no podía usar Nen . Nadie comprendía al líder.
El poema de Neón retumbaba en la memoria de Kuroro cada atardecer. Sus emociones las había suprimido hacía mucho y le era difícil sentir o simular alegría y tristeza. Ya no parecía humano. Pakunoda estaba muerta. Le daba lo mismo la vida como la muerte: había sido engañado por otro asesino y humillado por un cazador. Pero el recuerdo, el enigma de la profecía aún no tenía fin y lo mantenía irresoluto. Como si pretendiera La oscuridad absoluta y aún lo persiguieran molestas manchas de luz.
- El destino de la araña....- pensaba – como si algo importara...como si La ciudad de las estrellas pudiera darme algo ahora...que soy inútil...-
En silencio seguía los pasos de Franklin para conducirlo a una limosina que los aguardaba. La muchedumbre nunca se percató del signo que llevaba en la frente. La noche se acercaba.
- Isoka aguarda en el nivel 14, subterráneo – dijo malhumorado Franklin cuando el automóvil se detuvo - su En indica que no quiere que huyas una vez que el chico Vudú te quite la maldición del bastardo de la cadena-.
- ¿Consiguieron información de él?- preguntó el líder una vez que llegaron al lugar
- Isoka puede darte mas detalles-
El ascensor se detuvo en el piso correspondiente. Kuroro no estaba asustado. Los ojos del borrador de Nen rezaban un espantoso temor a la psicótica sonrisa de Isoka. Sus ojos perturbados por lo inminente de la pelea seguían cada movimiento de Kuroro. Franklin se preguntaba cómo lo habría hecho Isoka para dejar atrás a Shalnark y los demás.
- así que el grandote te trajo...imagino que quería ver el procedimiento...fascinante...- dijo el comodín con su voz ambigua y afrancesada irrumpiendo de cuajo el tenso encuentro.
- nada de eso...traidor....aquí no habrá ninguna pelea...- dijo Franklin
- así que crees que puedes hacer algo y arriesgar a tu lider en vano?....te recuerdo que tenemos un trato....- cuestionó el payaso
Kuroro miró fijamente a Franklin.
- el cuerpo de la araña puede vivir sin la cabeza....- pronuncio circunspecto el grandote – dame el teléfono de kurapica. Aún tienes la chance de una venganza... Líder – concluyó Franklin.
- Una chance....- dijo Kuroro
Isoka lanzó el celular al grandote y tanto el negro chamán como el Líder se sentaron en la mesa de centro para iniciar el ritual.

X

La ira se hiergue en la pérdida; en la razón del dolor; en la prepotencia. Es poder y perdición. Es el dominio de un desbocado sentimiento que no permite racionalizar los medios con los fines. Un rival poderoso en ella hallaría una ventaja para derrotarlo. Pero aquello no le ocurriría a Kurapika: tenía nuevos amigos.
Pese a todo ello, los fantasmas del pasado aún lo perseguían. El amor no puede redimirlo todo. Él ya no era un niño. Admiraba de Gon precisamente la ingenuidad y la determinación, sin sufrimiento: el también quería ver así la vida. Pero sus pesadillas y su traumático entrenamiento le revelaban otras cosas.

El Pajaro en la ventana

“El Pájaro en la ventana”
Brunosacro
Desde hace un mes, cada mañana, mientras navego el sueño definitivo de un nuevo día, siento la mirada siniestra de un pájaro de ojos rojos. Desde el seco frío y la convaleciente noche, atraviesa el vidrio y luego, un agudo rasguño de patas y un firme picoteo en la penumbra, acusan que debo levantarme; y me da miedo. Acurrucado entre las sábanas, espero que el despertador del celular lo confirme sin mirar hacia el recoveco donde debiera estar su sombra. Pero no puedo evitarlo, debo salir de la cama y encender la luz. Balbuceo semidormido: “El pájaro…El pájaro…”
Cada día es lo mismo. Dicen que es de mal agüero que un pájaro se pare en la ventana. Dicen que llama a la muerte. Mientras me visto y preparo para el trabajo, pienso en mis seres queridos y sus frágiles vidas. Con el agudo chillido de la ventana en mi mente, el eco retorna, se transforma en el rostro de los que amo, uno a uno, mientras el corazón se contrae y la mirada se incendia. Cierro la puerta.
Pienso que el pájaro sólo debe volar y comer insectos. Tal vez por elección decidió ir a molestar mi modesta rutina. Quizás sólo quiere ser mi amigo. Es libre. Cuando era joven pensaba que todo era posible y que algún día yo podría volar si quisiera, como un pájaro. Tal vez el pájaro es mi hermano y vino a buscarme y la única muerte que anuncia, es la mía.
***
Llego atrasado a la oficina. La hora de llegada es a las ocho, pero aplico criterio de trabajador independiente. Sin previsión y sin salud, sin antigüedad ni seguro, lo menos que podrían reprocharme son las horas que he acumulado llegando tarde. Y eso que no cuento a mi favor las horas extras que no me pagan. Un boleta a honorarios no puede organizar huelgas ni ejercer presión, por ahora.
Dicen que la vida es bella. A veces lo comparto, a veces pienso que el pan no es duro, y eso está bien, por ahora. Recibo solicitudes y papeleos. La genta que llega a mi mesón a veces desesperada, a veces molesta, recibe respuestas parecidas. Y cuando la necesidad es urgente, me siento culpable diciéndoles lo mismo, cada día. La cara se me endurece y el corazón se me aprieta: envejezco o tengo el corazón de abuelita. Pienso en lo insensible que me he vuelto y lo aburrido de repetir cada día, lo mismo. Mi sonrisa está cansada.
***
Me gustaría tener un hijo. Tal vez cuando me contraten o encuentre un trabajo más estable. Un yo o una ella que ilumine mi transitar en esta vida. No importa con quien. Pero ahora estoy solo cómo el pájaro, triste como su sombra, frío como su entusiasmo sobre la ventana.
Llueve. Los demonios de la oscuridad compenetran las nubes y de una soledad gravísima, caen los cristales desde el cielo. Algunos dicen que el algodón se está cayendo a pedazos. Yo sólo digo que la esperanza de calor ha muerto. Blanco es el color del invierno perfecto.
***
Fuera del trabajo hay una frutería. Siempre compro manzanas y membrillos o peras. El frutero de rutina me comenta que los pájaros viven como reyes. Yo opino lo mismo. Sin preocupaciones, sin reglas, sin caminar, sólo volando. Sólo golpeando cada día mi ventana.
A veces pienso que un día me atreveré a mirar por la ventana y congelado o estupefacto veré la cara de la muerte. Algún día.
Al volver a la casa vacía solo puedo pensar en mis seres queridos. Los muebles viejos y sin sentido reposan cada uno en su sitio esperando cumplir su propósito. Enciendo la tele y el mundo y su ruido entra a mi vida. Que infierno: no conozco a nadie y ya extraño a mis vecinos.
Acostado pienso con placer en la oscuridad. Sólo como un pájaro con el pájaro en la mano. Doy pena. Al despertar, el pájaro del terror en mi ventana, en una nueva mañana, me atormenta.
***
Hoy un colega me dijo: “debes ver un especialista”. Y le creí. Gano lo suficiente como para hacerlo. Pero me da miedo que diga que estoy loco o estoy enamorado de mi madre. Nunca me tincó eso del sicoanálisis.
Fui de todos modos. Cuando vuelvo a casa y el oscuro invierno temprano me entristece, pienso que mamá se ha ido y el pájaro es su mensajero. El sicólogo en seis sesiones sabrá lo que tengo, por hoy solo pude contarle que mi infancia fue hermosa. Nada de pájaros.
***
Hay veces que el pájaro revolotea en la ventana. Y hoy, aunque  asustado, no pude continuar arrullado en la cama escondiéndome, y vi la sombra. Un escalofrío fantasmal inundó todo mi cuerpo y semiparalizado moví la cortina de la ventana. Y ahí estaba la sombra negra del pájaro negro con los ojos rojos furiosos, con la pupila yerta y un brillo amarillo, que al abrir el pico y regurgitar su lamento dijo: “él está muerto… él está muerto…”. Como un cuervo maldito, su mirada de lado, cual desprecio, partió el seso, frío y agudo como sus rasguños en mis ventanas, y recordé al viejo vecino, un solitario hijo de dios abandonado por su familia a la vida. Hacía más de un mes que no lo veía, desde que el pájaro comenzó a visitarme. Y la médula espinal se me hizo chiquita para el temblor gélido que me recorrió y se me inundaron los ojos de una pena que algunos llaman lágrimas que no había sentido desde la muerte de mi madre. La última vez que lo había visto, el pobre viejo me arregló el techo y me contó su triste historia. Precario como su soledad a deshora, pude ver claro por qué el pájaro me anunciaba su solitaria muerte. De un salto me vestí y partí a ver la choza que se hallaba tras el cerco de malla que separaba nuestros predios. Y allí se encontraba su cuerpo, pálido y exangüe, vacío de la pobre y cálida vida que conocí cuando le quedaba, lleno de la paz del descanso definitivo.
“Pájaro, pájaro maldito, esta muerte es la que anunciabas” me dije. Y los vecinos que llegaron, tras la policía y la ambulancia, también lloraron la muerte del pobre viejo, que olvidado estuvo congelado, muerto y sepultado, por el frío invierno.
Luego de llorar en privado, partí al trabajo con la convicción de que si un pájaro volvía a tocar en mi ventana, jamás en la vida permitiría que continúe golpeando. Pues ese pájaro solitario es la vida de otro que rasguña la ventana del corazón de torpes egoístas que sólo piensan en sí mismos en vez de compartir con otros, que los necesitan, sus vidas.

F I N