martes, 14 de enero de 2014

“Como un robo cualquiera”


 (Por Brunosacro)


“Se remata el siglo” suena en la radio mientras el recuerdo evoca la guitarra y a Roberto Lindl, de Los Tr3s, sobre el contrabajo puteando y punteando una época de canciones confusas, que contenían tristeza y rabia desarrollada en surrealismo, canciones sinsentido o en inglés, de la que mi generación desconocía el significado, pero que disfrutaba la melodía y la pose del re”v”elde atormentado por la fama MTV. Era algo así como la reacción cultural natural en este país sin importancia, servil de un imperio, en una sociedad de mentiras siniestras que hablaba de democracia mientras se temía la sombra del general que aún no viajaba a Londres. La copia infeliz de un edén americano en decadencia. La media volaíta.
Mis amigos piensan que mis discursos contestatarios (o revolucionarios como ellos lo llaman) son un desvarío simpático en el hecho de compartir o no mi opinión sobre la dictadura, la reforma agraria o el socialismo. Que ni el sistema tiene la culpa y que todo esto siempre terminará igual: siempre. Que el comunismo ha fracasado y que siempre habrá alguien que lucrará con el trabajo de otro. Mis sueños sociales no caben en su perspectiva, se ríen un rato, cambiamos de tema, no intentan ni intento convencerlos de los temas complejos como la fe, el golpe militar, los detenidos desaparecidos, y a veces asumo que tienen razón. Para qué calentarme la cabeza.
Luego de atravesar una vida llena de malas decisiones, ni la música ni la lectura ha redimido la visión crítica de lo que pensaba era la sociedad. Cuando estábamos en el Liceo todo el mundo aguardaba que lo cambiáramos. Pero no contábamos con la astucia de la fuerza de la costumbre, la desidia, la cruda realidad. Todo ese entusiasmo juvenil y la soberbia ignorante de experiencia, terminan arrinconándote en un trabajo mediocre donde el jefe que tiene dinero para pagar por tus servicios en su puta vida leyó “Las venas abiertas de américa latina” o un libro,  pero factura lo suficiente como para disfrutar todas las comodidades que el débito puede pagar en un mundo amoral y con justificativo para cualquier libre iniciativa económica.
Dinero, dinero, maldito dinero. Casi todo termina reduciéndose a eso. Todas las necesidades tienen un precio, incluso las necesidades que no lo son. El que más trabaja ya no tiene más poder de intercambio. El que más gana es el que especula, el que apuesta, el que juega con el dinero de otros en el gran casino del libremercado. Y si todo falla, el gobierno lo salva, y todo empieza de nuevo con nosotros en el culo de la pirámide, en la base de algo, en el podio de una gran nada.
Cuando me hablaban de que el sistema funcionaba, supongo que tenía validez antes de que los gobiernos comenzaran a salvar a los bancos. Ahora qué los diferencia del comunismo o los socialismos reales, si la manufactura del mundo está en la dictadura comunista con los trabajadores-esclavos más baratos del globo. Se confabularon todos en un gran engaño. Y cada muerto de la revolución, cada exiliado, siente que desperdició su vida por una triste ideología mientras un trabajador explotado busca dar de comer a su familia con el poco tiempo que le queda.
***
Los bancos son el objetivo. Los culpables de la Europa agonizante. Fumo mi cigarrillo con la ventanilla de la “caminito al cielo” abajo y la radio local reproduce un comentario tonto del alcalde. La transparencia de los vidrios del banco, las filas de gente aglomerada para retirar dinero, abrir cuentas, sacar créditos, hipotecar su casa. El guardia apoyando a un cliente por un cambio de clave en el cajero automático. Exhalo el humo. Cuento los guardias, los burócratas, la gente, los peldaños de la escalera de entrada, de salida, las cámaras. Pienso que sería buena idea usar pasamontañas y quemar la ropa luego del atraco. Buena idea.
***
Hay tanta gente que no le trabaja un peso a nadie. Rolo cree que debemos hacer la movida como lo hacen los zánganos canallas del pueblo. Andan en los mejores autos, con las mejores minas, descansados, impúdicos, con gafas Rayban porque vendieron 100 kilos de yerba o porque se cagaron a algún viejo del campo reventándolo en créditos. Hijos de la Gran Puta: la gran casa, la gran camioneta, la gran vida. Impunes mientras nosotros trabajamos 14 horas al día, 84 horas a la semana, con la espalda hecha un nudo y los ojos rojos, el cuerpo deshidratado y en la boca el mal aliento de saborear las sobras de lo que ellos disfrutan, sólo por ser honestos.

Envidia es lo que nos jode ahora. Uno que nunca deseó nada más que ganarse la vida decentemente, porque eso fue lo que nos enseñaron, no es suficiente. La televisión tiene la culpa y las series de narcotraficantes. La solución a nuestros problemas es un arma.
***
Quedamos de juntarnos a las ocho. El otoño se manifiesta en frío aliento y un sol tímido tras la montaña. Rolo cronometra en una esquina. Dos pendejos esperan la hora de la entrada. Si todo se complica, todos tienen una ruta de escape. Espero que nadie olvide lo que tienen que hacer: no confío en los mocosos que contactó Rolo, pero respecto a eso no puedo hacer mucho.
Las coartadas son perfectas. Nadie de nuestras familias sabe dónde estamos más que el código de póker-club de Toby con una probable borrachera matutina por el trasnoche. Debe ser sencillo, nadie sospechará de dos oficinistas frustrados buenagente. No nos iremos del país pues le debemos al fisco, algunos bancos, unas multitiendas o a la universidad. Usamos cuello blanco y corbata, cenamos diligentemente con nuestras familias, tenemos un historial impecable, pero no financiero. Queremos el auto y la casa, la familia numerosa y un clan leal a nuestra causa. No es mucho pedirle al destino que nos otorgue esta jugada. Tenemos muchas más posibilidades de acertar que jugando un Kino. Debemos mantener la calma. Uf. Todo saldrá según lo planeado.
El señuelo para llamar la atención de la policía son dos motines en dos sectores alejados del pueblo y un gran incendio. La atención de los pacos no estará en el banco.
La señal la damos a las 8 en punto. Las llamadas para alertar de los motines se reiteran desde un celular desechable. Luego, hacemos detonar el incendio. Fue una explosión simple de nitroglicerina que se me ocurrió con jabón investigando un poco del “Club de la Pelea”. Espero que no haya sido mucho. Me pregunto si será natural que hayamos empezado esto, nosotros, dos simples weones jugando a la gran mafia. Es nuestro momento. Vemos partir a los bomberos y a los pacos. Los motines los instigó Rolo, el carismático hijo de puta que no quiso asumir la política del partido: hacer lo que quieren en Santiago. –qué saben ellos- exclamó golpeando la mesa. -Piensan que tienen todo porque están atornillados en sus escaños y  acuden a nosotros cuando necesitan votos. El día de la penca pelearán por nuestras necesidades regionales-. -Necesitan lacayos para sentirse importantes: van a perder de nuevo-. – Nosotros…nosotros volvemos a la calle: ¡INDIGNATE, WEÓN, INDIGNATE!- Y el vitoreo que acompaña esas palabras es impresionante.
Ahora que lo pienso esto del banco no es más que una jugada anarquista, contestataria, antisistema. Si los bancos endeudan países y luego los salva el estado: ¡somos unos héroes forajidos!
***
El guardia abre a la hora esperada. Una vez que entra, Rolo lo reduce con éter. No podemos desactivar las alarmas por lo que debemos operar rápido. Un mocoso queda en la entrada del banco fumando para avisar por fono y otro en la ruta por la que podrían aparecer los verdes. Sabemos dónde está la bóveda y las cámaras, pero no sabemos cómo abrirlas. Nos limitamos a entrar a las cajas. Suena la alarma. No hay pánico por nuestros rostros pues llevamos pasamontañas y lentes amarillos de protección para la contru y guantes de goma que usan en los hospitales para limpiar a los enfermos. Pero nuestra cirugía fallaba. Nos miramos con Rolo y de una escalera que da al subterráneo aparece un guardia que no pensábamos hallar. Apenas nos ve, huye bajando las escaleras. Lo seguimos hasta alcanzarlo y no pudo sacar su arma. Se meaba de miedo. Encañonado, nos ayuda a apagar la alarma y nos dice cómo abrir la bóveda. Balbucea algo de su familia y que necesitamos otra llave que tiene el agente. Le preguntamos cómo podemos solo sacar dinero fácil y nos indica que hay unas bolsas que por protocolo se asignan en la mañana a las cajas. Rolo va por ellas mientras miro por sobre el hombro con desprecio, al guardia cobarde.
***
Desayunamos cada uno en su familia. La movida salió de acuerdo a lo planeado pero no por los millones que esperábamos. Para la próxima, mataremos a alguien o explotaremos la bóveda. Aún no saben quién los golpeó. En pueblo chico no es difícil sospechar de los de siempre y son ellos quienes terminan pagando el pato. Los honestos ciudadanos de familia, no inspiran duda.
Así como está la cosa, es natural que todos los que poseen, lo hagan como nosotros o nosotros lo hacemos como lo hicieron ellos. Políticos, banqueros y empresarios ostentan lo que tienen porque cada mañana se comportan naturalmente con sus familias, luego de retornar de sus cofradías siniestras. El temple sereno, la mente tranquila y el bolsillo completo: la trilogía del perfecto carerraja, pues saben que no los investigarán ni castigarán. Tienen la certeza de hacer lo que todos hacen, y de comportarse como si nada hubiera pasado, con el discurso moralista sin arrugar un pelo de su ceño, tal como si ganarse la vida consistiera en un robo cualquiera.


F I N



domingo, 6 de enero de 2013

SueñosxManchasxRojo

SUEÑOS x MANCHAS x ROJO

By BastardoSuicida

Los recuerdos aún no lo dejaban dormir. Un cúmulo de ansiedades agolpaba sus sueños con forma de sombras y sangre: siluetas indefinidas y los gritos desgarradores de su tribu. Su eco persistía doloroso, alma adentro, pese al tiempo, pese a los nuevos amigos.
Cuando mató a Ubog pudo sentir la satisfacción de mermar el dolor. Algo fue. Los ojos dilatados de su enemigo, exangüe, derrotado, sin vida: ya no era el mismo. La muerte vino a saciar una sed que su soledad hacía crecer en estepas de vehemencia. Era una soledad espesa y difícil de llevar. No tenía sabores de preguntas por la existencia, era un abandono que pendía de causa única: “la araña”.
Estuvo cerca de enfrentar al líder, concretar definitivamente su venganza y por fin apagar el odio que lo carcomía por dentro, furioso y paciente, ansioso e indominable. Pero el costo de perder a Gon, y Killúa, generó una posibilidad imprevista. La imágenes de los sueños se repitieron en un horror abismal desencadenado por la sola idea de perder a sus amigos. La imagen de Kuroro y del Genei se disolvía como el sol en el atardecer. Pero la furia del ojos rojos solo quedó dormida. No quería perder seres amados, de nuevo.

Efectivamente el afán por vengarse lo dominó incluso al momento de elegir su técnica Nen. El dolor era infinito. Su sangre se anegaba de sentimientos perversos, agitaba su corazón, controlaba su espíritu. Su objetivo posibilitó materializar una cadena que exteriorizara su ira y convirtiera en realidad el imperativo de matar a su enemigo. Y lo logró a medias. Todo por aquél maldito intercambio.

Zenritsu lo vigilaba desde la cocina y cuando podía se aproximaba al borde de la cama a mirar el bello rostro de Kurapica. Imaginaba, según los latidos de su sueño, el motivo del tormentoso paseo de su amigo y jefe, por la inconsciencia. No podía curarlo. Luego, sudoroso y jadeante despertaba en la oscuridad y lo apuntaba con sus perturbados y encendido ojos rojos.
- espera, Kurapica...espera!!!- gritaba la pequeña antes de ser atacada por la cadena.
Y el vengador recuperaba el conocimiento.
Los sueños que tenía se turnaban para repetirse: eran los mismos. La imagen perpetua de su clan siendo masacrada permanecía en él en todas las formas que la crueldad puede asir los pedazos del cuerpo humano, mientras retornaba a él la realidad, el presente, la habitación con sus amigos en paz, sin gotas de sangre, sin cabezas rotas. Zenritsu le convidó agua.
- Por qué uno promete cosas que no puede cumplir.....- preguntó el rubio con la mirada perdida en el cabello de su amiga maldita.
- Porque uno siempre quiere demostrar que puede cambiar por amor – dijo pausadamente, oyendo el compás de sus propios latidos. Kurapica no dijo nada. Suspiró profundo y extendiendo la sábanas se levantó de la cama. Zenritsu prendió la luz.
- ¿Crees que estaré bien pronto?- dijo incrédulo – quiero ver a Leorio-
A fuera la noche radiaba una luna triste. Ritsu lo miró en silencio y supo que el sueño de Kurapica no había terminado.

X

Kuroro Lucifer bajó del tren sin apuro, vestido con la casaca peluda y con el signo de la muerte en la frente. Su mirada indiferente proyectaba serenidad y tedio. También inspiraba temor. Las negras pupilas fijas mirando la nada, dejaba nervioso incluso a Franklin; incluso ahora que no podía usar Nen . Nadie comprendía al líder.
El poema de Neón retumbaba en la memoria de Kuroro cada atardecer. Sus emociones las había suprimido hacía mucho y le era difícil sentir o simular alegría y tristeza. Ya no parecía humano. Pakunoda estaba muerta. Le daba lo mismo la vida como la muerte: había sido engañado por otro asesino y humillado por un cazador. Pero el recuerdo, el enigma de la profecía aún no tenía fin y lo mantenía irresoluto. Como si pretendiera La oscuridad absoluta y aún lo persiguieran molestas manchas de luz.
- El destino de la araña....- pensaba – como si algo importara...como si La ciudad de las estrellas pudiera darme algo ahora...que soy inútil...-
En silencio seguía los pasos de Franklin para conducirlo a una limosina que los aguardaba. La muchedumbre nunca se percató del signo que llevaba en la frente. La noche se acercaba.
- Isoka aguarda en el nivel 14, subterráneo – dijo malhumorado Franklin cuando el automóvil se detuvo - su En indica que no quiere que huyas una vez que el chico Vudú te quite la maldición del bastardo de la cadena-.
- ¿Consiguieron información de él?- preguntó el líder una vez que llegaron al lugar
- Isoka puede darte mas detalles-
El ascensor se detuvo en el piso correspondiente. Kuroro no estaba asustado. Los ojos del borrador de Nen rezaban un espantoso temor a la psicótica sonrisa de Isoka. Sus ojos perturbados por lo inminente de la pelea seguían cada movimiento de Kuroro. Franklin se preguntaba cómo lo habría hecho Isoka para dejar atrás a Shalnark y los demás.
- así que el grandote te trajo...imagino que quería ver el procedimiento...fascinante...- dijo el comodín con su voz ambigua y afrancesada irrumpiendo de cuajo el tenso encuentro.
- nada de eso...traidor....aquí no habrá ninguna pelea...- dijo Franklin
- así que crees que puedes hacer algo y arriesgar a tu lider en vano?....te recuerdo que tenemos un trato....- cuestionó el payaso
Kuroro miró fijamente a Franklin.
- el cuerpo de la araña puede vivir sin la cabeza....- pronuncio circunspecto el grandote – dame el teléfono de kurapica. Aún tienes la chance de una venganza... Líder – concluyó Franklin.
- Una chance....- dijo Kuroro
Isoka lanzó el celular al grandote y tanto el negro chamán como el Líder se sentaron en la mesa de centro para iniciar el ritual.

X

La ira se hiergue en la pérdida; en la razón del dolor; en la prepotencia. Es poder y perdición. Es el dominio de un desbocado sentimiento que no permite racionalizar los medios con los fines. Un rival poderoso en ella hallaría una ventaja para derrotarlo. Pero aquello no le ocurriría a Kurapika: tenía nuevos amigos.
Pese a todo ello, los fantasmas del pasado aún lo perseguían. El amor no puede redimirlo todo. Él ya no era un niño. Admiraba de Gon precisamente la ingenuidad y la determinación, sin sufrimiento: el también quería ver así la vida. Pero sus pesadillas y su traumático entrenamiento le revelaban otras cosas.

El Pajaro en la ventana

“El Pájaro en la ventana”
Brunosacro
Desde hace un mes, cada mañana, mientras navego el sueño definitivo de un nuevo día, siento la mirada siniestra de un pájaro de ojos rojos. Desde el seco frío y la convaleciente noche, atraviesa el vidrio y luego, un agudo rasguño de patas y un firme picoteo en la penumbra, acusan que debo levantarme; y me da miedo. Acurrucado entre las sábanas, espero que el despertador del celular lo confirme sin mirar hacia el recoveco donde debiera estar su sombra. Pero no puedo evitarlo, debo salir de la cama y encender la luz. Balbuceo semidormido: “El pájaro…El pájaro…”
Cada día es lo mismo. Dicen que es de mal agüero que un pájaro se pare en la ventana. Dicen que llama a la muerte. Mientras me visto y preparo para el trabajo, pienso en mis seres queridos y sus frágiles vidas. Con el agudo chillido de la ventana en mi mente, el eco retorna, se transforma en el rostro de los que amo, uno a uno, mientras el corazón se contrae y la mirada se incendia. Cierro la puerta.
Pienso que el pájaro sólo debe volar y comer insectos. Tal vez por elección decidió ir a molestar mi modesta rutina. Quizás sólo quiere ser mi amigo. Es libre. Cuando era joven pensaba que todo era posible y que algún día yo podría volar si quisiera, como un pájaro. Tal vez el pájaro es mi hermano y vino a buscarme y la única muerte que anuncia, es la mía.
***
Llego atrasado a la oficina. La hora de llegada es a las ocho, pero aplico criterio de trabajador independiente. Sin previsión y sin salud, sin antigüedad ni seguro, lo menos que podrían reprocharme son las horas que he acumulado llegando tarde. Y eso que no cuento a mi favor las horas extras que no me pagan. Un boleta a honorarios no puede organizar huelgas ni ejercer presión, por ahora.
Dicen que la vida es bella. A veces lo comparto, a veces pienso que el pan no es duro, y eso está bien, por ahora. Recibo solicitudes y papeleos. La genta que llega a mi mesón a veces desesperada, a veces molesta, recibe respuestas parecidas. Y cuando la necesidad es urgente, me siento culpable diciéndoles lo mismo, cada día. La cara se me endurece y el corazón se me aprieta: envejezco o tengo el corazón de abuelita. Pienso en lo insensible que me he vuelto y lo aburrido de repetir cada día, lo mismo. Mi sonrisa está cansada.
***
Me gustaría tener un hijo. Tal vez cuando me contraten o encuentre un trabajo más estable. Un yo o una ella que ilumine mi transitar en esta vida. No importa con quien. Pero ahora estoy solo cómo el pájaro, triste como su sombra, frío como su entusiasmo sobre la ventana.
Llueve. Los demonios de la oscuridad compenetran las nubes y de una soledad gravísima, caen los cristales desde el cielo. Algunos dicen que el algodón se está cayendo a pedazos. Yo sólo digo que la esperanza de calor ha muerto. Blanco es el color del invierno perfecto.
***
Fuera del trabajo hay una frutería. Siempre compro manzanas y membrillos o peras. El frutero de rutina me comenta que los pájaros viven como reyes. Yo opino lo mismo. Sin preocupaciones, sin reglas, sin caminar, sólo volando. Sólo golpeando cada día mi ventana.
A veces pienso que un día me atreveré a mirar por la ventana y congelado o estupefacto veré la cara de la muerte. Algún día.
Al volver a la casa vacía solo puedo pensar en mis seres queridos. Los muebles viejos y sin sentido reposan cada uno en su sitio esperando cumplir su propósito. Enciendo la tele y el mundo y su ruido entra a mi vida. Que infierno: no conozco a nadie y ya extraño a mis vecinos.
Acostado pienso con placer en la oscuridad. Sólo como un pájaro con el pájaro en la mano. Doy pena. Al despertar, el pájaro del terror en mi ventana, en una nueva mañana, me atormenta.
***
Hoy un colega me dijo: “debes ver un especialista”. Y le creí. Gano lo suficiente como para hacerlo. Pero me da miedo que diga que estoy loco o estoy enamorado de mi madre. Nunca me tincó eso del sicoanálisis.
Fui de todos modos. Cuando vuelvo a casa y el oscuro invierno temprano me entristece, pienso que mamá se ha ido y el pájaro es su mensajero. El sicólogo en seis sesiones sabrá lo que tengo, por hoy solo pude contarle que mi infancia fue hermosa. Nada de pájaros.
***
Hay veces que el pájaro revolotea en la ventana. Y hoy, aunque  asustado, no pude continuar arrullado en la cama escondiéndome, y vi la sombra. Un escalofrío fantasmal inundó todo mi cuerpo y semiparalizado moví la cortina de la ventana. Y ahí estaba la sombra negra del pájaro negro con los ojos rojos furiosos, con la pupila yerta y un brillo amarillo, que al abrir el pico y regurgitar su lamento dijo: “él está muerto… él está muerto…”. Como un cuervo maldito, su mirada de lado, cual desprecio, partió el seso, frío y agudo como sus rasguños en mis ventanas, y recordé al viejo vecino, un solitario hijo de dios abandonado por su familia a la vida. Hacía más de un mes que no lo veía, desde que el pájaro comenzó a visitarme. Y la médula espinal se me hizo chiquita para el temblor gélido que me recorrió y se me inundaron los ojos de una pena que algunos llaman lágrimas que no había sentido desde la muerte de mi madre. La última vez que lo había visto, el pobre viejo me arregló el techo y me contó su triste historia. Precario como su soledad a deshora, pude ver claro por qué el pájaro me anunciaba su solitaria muerte. De un salto me vestí y partí a ver la choza que se hallaba tras el cerco de malla que separaba nuestros predios. Y allí se encontraba su cuerpo, pálido y exangüe, vacío de la pobre y cálida vida que conocí cuando le quedaba, lleno de la paz del descanso definitivo.
“Pájaro, pájaro maldito, esta muerte es la que anunciabas” me dije. Y los vecinos que llegaron, tras la policía y la ambulancia, también lloraron la muerte del pobre viejo, que olvidado estuvo congelado, muerto y sepultado, por el frío invierno.
Luego de llorar en privado, partí al trabajo con la convicción de que si un pájaro volvía a tocar en mi ventana, jamás en la vida permitiría que continúe golpeando. Pues ese pájaro solitario es la vida de otro que rasguña la ventana del corazón de torpes egoístas que sólo piensan en sí mismos en vez de compartir con otros, que los necesitan, sus vidas.

F I N

viernes, 15 de febrero de 2008

El Cadáver de Kurasawa

Hola.
No sé por qué saludo si ni siquiera sé si esta wea la leerá alguie. En fin. Comienzo de nuevo.

Para la posteridad:
Soy un amante de la novela negra sin haber leido mucho. Soy un aficionado, así que para quien lea desde ahora, no se haga ilusiones. Se que lo contracultural y suburbano se ha puesto de moda y puedo ser un villano por eso, o porque repentinamente hallé en este pesimismo un concepto que se acerca a lo que siento.
Tal vez que malestares tenga la época. La imaginación construye realidades y también las mata.
He aquí un relato que pretendo continuar como así también a futuro nuevas historias.
Derechos de autor ? si, en parte este relato lo construí con un tipo nomenclado kurasawa en el foro hunterxhunter.cl., pero a quién le importa eso. Lo que ahora importa es continuar la historia.
Derechos de autor.....bah...Aquí todo está permitido salvo.....mier...no tengo memoria para eso...




EL CADAVER DE KURASAWA

Recostado estaba en su cama, pensándolo. Las cortinas eran oscuras y por lo mismo no sabia como había amanecido aquel día. No le importaba. Lo único que ocupaba su mente era cómo solucionar “el problema”.
Se enredaba en sus sábanas azules mientras redundaba en la pregunta incesante. Como hacerlocomohacerlocomohacerlo.
Las naranjas sobre el velador tomaron su atención un momento y sacó el cortaplumas del bolsillo para, una vez ocupado, guardarlo bruscamente. Se levantó de su modorra para abrir las cortinas y se dijo:
- que mas da, ningún hijodeputa podrá cagarme este día-
Se lo repitió en voz alta sólo para convencerse. Así tenia que de ser. Su hija lo aguardaba para regañarlo y no podrìa fallarle esta vez. Sòlo porque le debìa plata a Galvez, a el Chano y la Cuca, no tenia asegurada la muerte.
El sol brillaba sobre sus gafas, pero en su corazón temblaba una preocupación iracunda.

Aquella preocupación había decidido transformarse en una amenaza inminente, en un peligro real y cercano. Muy real y cercano. Su hija le hablaba mientras caminaban y se dirigían a realizar las compras, pero él no la oía, en sus pensamientos divagaban las ideas confusas y arremolinadas en ligeras nubes, hasta que Marcia Martines, que como siempre iba apurada y distraída, casi choca de frente con ellos.
Los dos melones que traía cayeron, rodaron hasta llegar a la calle donde uno fue aplastado por un auto. En cierto modo dio gracias por aquello, y cambio su rumbo junto con su hija y la flaca al mercado de la ciudad. Siempre le había llamado la atención la vida y los colores que se daban en aquel lugar. No era para menos, su infancia fue lejos de todo aquello.

Los gritos y aclamaciones de los comerciantes compitiendo por la atención formaba una cacofonía impresionante. Su hija, la de Marcia, observaba todo esto con ojos curiosos. Después de todo, el mundo entero era un lugar novedoso. Mientras esto acontecía, a la distancia se veía un furgón de carabineros. Por lo visto había ocurrido un atropello. Los curiosos miraban de lejos tratando de distinguir algo, mientras se veía sentado en una banqueta a un hombre apesadumbrado
-¿qué pasó?- preguntó uno de los mirones. Sus ropas indicaban que era un obrero. Las atracciones estaban vedadas para él, tanto como la mayoría de las comodidades.
-¡a ti qué te importa, pendejo! gritó un hombre sentado. Por su actitud, todos comprendieron que era un sujeto de clase superior. Al ponerse de pie, esto quedó claro, mirando todos hacia arriba donde quedaban por su talla sus ojos furiosos. El grito disolvió lentamente al grupo. Los primeros en irse cabizbajos fueron los cabezas negras seguidos de los eslavos. Quién querría meterse en líos con un hombre aparentemente fuerte.
La tensa calma volvía a la calle Rommel de Nuevo Berlín. La única calma que podía conocer un mercado: normalidad a gritos.

Nathan miró el rostro del cadáver bajo el vehículo liviano, que exangüe diluía su mirada en la nada. El hilo de sangre en su boca, cayó en dos gotas al suelo. El eco de la imagen golpeó en primer plano su mareo taciturno. Pudo oír el barullo del mercado, a su hija conversando con la chica de los melones, al opulento hombre del banco, que se marchaba, los flácidos brazos de la flaca.
La sangre y la muerte tienen extrañas formas de encontrarse. Hacen un preludio espeso de premoniciones fatalistas. A él lo asoló como un dolor agudo en la barriga, una imagen cruel de su hija con una bala en la cabeza y el mismo hilo de vida huyendo de sus sienes. En ese momento lo supo todo: debía ocultarse con ella, imperativamente, justo ahora.
Natan, no quizo parecer sospechoso ante su amiga, e ingenió la forma mas sutil de evadir su compañía. En otros momentos la hubiere buscado y deseado, pero hoy no era el caso. Tomo a su hija fuertemente de la mano y pidió a un comerciante que le indicara un baño
- esperanos Marcia, voy y vuelvo. Por mientras elige unos melones, tengo buen vino en casa , qué dices...-
Sin esperar respuesta se alejó en dirección al baño, esperó a que saliera su hija y se fue buscando la salida mas próxima de aquel bullicioso lugar. El taxi lo llevo hasta el banco y luego al aeropuerto. Consulto su reloj y los nervios comenzaron a invadirlo nuevamente.
- no - dijo para sus adentros, y continuó con su plan de huida. Sabía que después de un tiempo tendría que huir nuevamente , pero ya solo importaba su hija.

Marcia Martinez, la madre, la amante, la amiga, desconocía en absoluto los negocios de Nathan. Los únicos secretos que compartieron se relacionaban con la cama y con su hija. La flaca, amiga de ambos, disfrutaba acompañando la armonía familiar que entre ellos se daba, a veces, cuando jugaban a la familia feliz. Pero ya nunca los volverían a ver. Quien sabe en realidad que es lo que debía soportar de si mismo , de su esposa , de lo que el representaba y lo que en realidad nunca quiso hacer? Sucedían las cosas, solo le sucedían y nada mas.
Pensaba mientras iba camino al aeropuerto. Los ojos en un objeto invisible, la memoria, la preocupación, el temor, la muerte.
Al llegar compra los pasajes, se embarca y mientras espera a que el avión despegue, llega la policía a detener el vuelo. Las luces de las patrullas inauguraban el escándalo; el sudor lo rebosaba. Pánico, angustia, los ojos de su hija, iban en una ruleta de vertigo y náusea ascendente. Una semiautomática rompió los ventanales. La balacera lo dejó estupefacto y no atinó a otra cosa más que tirarse al suelo cubriendo a su hija.

....................

El piano del bar aun no tenían quien lo tocara, llevaba varios meses sin que ningún músico posaras sus dedos en aquellas teclas, al dueño del lugar no le importaba el tipo de música que en el se interpretara , mientras las notas salieran, todo estaría bien. Decidió poner un aviso en la ventana del local. Fue así como una tarde llego Marcia, atraída y dispuesta a probar suerte. Vestía una blusa celeste y un vestido negro con una medias rosadas a rallas, mas un pañuelo en el cuello igualmente rosado. Intercambio algunas palabras con el dueño del bar y quedaron arreglados para que empezara esa misma noche. Frente al piano podía ver la luna , una luna creciente que le inspiraba un deseo enorme de comer y volar. Satisfecho el publico y ella misma aquella mañana tomo un taxi y se dirigió a la playa
El sol a esas horas aun no salía y sabia que en nigun lugar encontraría una cantina o bar abierto, decidió esperar hasta el amanecer y pasear por la playa. Esa mañana tubo suerte. Regresaban algunos pescadores a la caleta y ella , inquieta en sus deseos, se acerco a ayudarlos y conversar. Mientras una ola le mojó los pies, el fresco mar le hizo recordar.
....................

Nathan pensaba en la llamada que le hizo Safran: era una propuesta escalofriante, pero que podría ayudarlo con sus problemas. Su rostro se desfiguró, y su hija no pudo pasar por alto lo que sucedía.

- No sé lo que le sucede a mi papá - Dijo la niña mientras caminaba de la mano de su padre
- Hace horas anda extraño, acongojado, pensativo. No puedo dejar de pensar en lo que sucedió en el aeropuerto...-

Nathan quedo absorto en sus ideas. El oleaje que rozaba sus pies no ayudaba mucho, solo provocaba que se sumiera aún más en sus pensamientos. Entonces miró a su hija Helena. A pesar de tener 13 años poseía una percepción desarrollada. En su mirada se podía leer que estaba entendiendo lo que ocurría.
- Necesito ese dinero, lo necesito... - musitó Nathan.
- ¿Que es lo que dices papá? - preguntó la niña.
- Nada, nada, no te preocupes...-

Debía hacer algo, aceptar o rechazar el "trabajo". Por lo pronto tenía que encontrar algún lugar donde dejar a su hija Helena. De pronto su celular volvió a sonar.
..............

Natan siempre se acusa a sí mismo de impulsivo. Sufre de cierto afán por martirizarse, de arrastrar un constante complejo de culpa. Es por eso que a las decisiones importantes o no, les da tantas vueltas. Pero a la larga termina aceptando: sea lo que sea para cumplir su objetivo.
Miró a los ojos a Helena. Poseía un brillo similar a los de su madre.
- Prométeme que no te moverás aquí- le dijo con una voz temblorosa, casi implorando.
- Hazlo, júramelo- repitió gritando con desesperación
La pequeña comprendió pero no pudo evitar horrorizarse. Tenía miedo; tanto o más que su padre. Hasta rompió en llanto.
La dejó encerrada en al apartamento, con el alma colgando hacia el abismo.

Quedaron de citarse en el centro, en el Cafe de Tanathos, un elegante y exclusivo cafe que solo se atrevían a entrar los que pensaban en que serian atendidos. Era una extraña politica del lugar que se reservaba este derecho. Un arma o dos no serian suficientes.
- que tal...Patroclo, andas con tabaco....?-
- mmm, no que lo habías dejado, moderfoka...?- respondió el hombrecito delgado pero rígido de músculos y cicatrices. Le esbozó una sonrisa de cortesía
- vas a tener que limpiarte el hocico...son puros de la mejor calidad...tabaco del primer mundo, moderfoka....- continuó el pequeño hombre pasándole un maletín largo como una guitarra.
- en qué andas Nathan, hace buen rato que te habías perdido...- se oyó en el claroscuro, ronco y claro.
Aquiles dominaba su espacio, tenía el porte, la mirada y la fuerza. Salió de las sombras y avanzó hacia su amigo disimulando el encuentro: las paredes tienen ojos. Nathan le devolvió una risa contenida. Sólo ellos se arriesgarían a traficar en público, a esas horas, para ayudarlo.
- Cuando quieras dar un último golpe, deberías pedir ayuda a zorros viejos. No pierdas esta costumbre, perro- sentenció Aquiles.
Nathan se levantó de su mesa con el maletín y maquinó tres gestos que servirían de contraseña. Entre perros, las señales son gruñidos; los gruñidos, claves para una emboscada.
Salieron del privado. Los cristales podían contener el ruido mas no los modales. El secreto del vip era una ilusión para ingenuos millonarios que aún se creían protegidos por la ausencia de micrófonos.
- algo más señor?- les preguntó el edecán a cargo de su consumo
- cárgalo a mi cuenta- dijo erradamente Nathan. Ahí no había "cuenta".
- que dijo el señor?- repitió el calvo mayordomo mientras recibía unos billetes de Aquiles bajo el impermeable que cargaba.
- que lo cargues a Elgueta- dijo esta vez Nathan, sudando frío.
El Tanathos, como El Estigia, era lugar de demonios. Tenía esa atmósfera de infierno y negocios de alma, vida por vida en el rodar de dados y el correr de las apuestas.
Rodeados de miradas asesinas, Nathan y sus amigos emprendieron la salida. Y una limosina los aguardaba, iluminada por los últimos rayos de la tarde, como un ángel. Tras ellos, dos hombres corpulentos los observaban con desenfado desde la puerta de salida.

La tensión que imperaba durante el camino, la rompió Aquiles recordando una vieja anécdota. Sin doble intención, haciendo reír de buenas ganas a Nathan y al Scarface que llamaba Patroclo, con la misma liviandad de hacía años, en otros tiempos, cuando podían jugar a morirse. Esbozando una sonrisa, pregunto a Nathan la hora exacta del encuentro
- pues no habrá encuentro mi buen amigo, solo pretendo aparecer y desaparecer lo mas rápido posible –
- cuantos son ellos- insistió Aquiles
- ni idea, no me interesa,...., solo se que la casa tiene un gran patio delantero y pienso que seria bueno que me dejaras por aquí, para cambiar de vehiculo. Safran no va a traicionarme, amigo- contesto con confianza, Nathan
- pero que te has hecho todos estos años, mierda..!!- interrumpió Scarface
- shhhhh, no digas nada, cambiaremos de auto como dices. Patroclo llama a Denice, que nos espere con uno bueno y discreto en el estacionamiento del Auriga.

La frialdad que Nathan había adquirido en esos momentos desapareció y nuevamente sintiose algo dubitativo. Una palmada en la espalda de parte de Aquiles , le devolvió la confianza. Patroclo y Salustio encendieron un par de cigarros de tabaco negro disfrutándolos en silencio y escuchando la radio. Tiempo atrás llegaron a la conclusión que escuchar la canción de su grupo favorito llamaba a la fatalidad. Ser algo supersticiosos fue la consecuencia inevitable de sortear lluvias de balas y altos niveles de adrenalina. Quizá eso los dejó medios locos. Por ahora se contentaban con el humo, pues no era un momento de verdad especial como para romper el acuerdo con el pelao Quinchero, solo sería un paréntesis pues el codigo de honor respeta alianzas por hermandad. Lo que ahora pensaban hacer era un mero asalto sorpresa con riesgos de sangre abundante, solamente.

Los hombres del Tanathos y el Pelao Quinchero vieron partir a los hijos de puta a las 21 hrs. Los recogió la limosina y se atrevió a descender del oscuro privado.
- quienes eran, Robert?- pregunto a los guardias un hombre delgado y calvo, de etiqueta y con un puro recien encendido en la mano mientras se les acercaba.
- Morrison, jefe. ¿lo seguimos?-
- no, déjalo ir, pero rastrealos por gps-
- ok, sr-
El calvo chasqueó los dedos y sus guardias se encargaron de traerle un vehículo. El mercedes vino de inmediato.
- llevame a la costanera, Lu, hoy quiero ver morir el sol...- dijo melancólico el cincuentón.
- como usted mande, jefe- contestó el chofer
- que piensas, LU, será una buena noche para la venganza?-
- eso depende jefe...-
- ....mmm?--
-de cuantas armas Morrison le haya traspasado a Cardemil Nathan-
- buen punto -
El silencio los acompañó el resto del viaje y la brisa del mar traía rumores de una fría noche.
...........

continuará...