(Por Brunosacro)
“Se remata el siglo” suena en la radio mientras el
recuerdo evoca la guitarra y a Roberto
Lindl, de Los Tr3s, sobre el contrabajo puteando y punteando una época de
canciones confusas, que contenían tristeza y rabia desarrollada en surrealismo,
canciones sinsentido o en inglés, de la que mi generación desconocía el
significado, pero que disfrutaba la melodía y la pose del re”v”elde atormentado
por la fama MTV. Era algo así como la
reacción cultural natural en este país sin importancia, servil de un imperio,
en una sociedad de mentiras siniestras que hablaba de democracia mientras se
temía la sombra del general que aún no viajaba a Londres. La copia infeliz de
un edén americano en decadencia. La media
volaíta.
Mis
amigos piensan que mis discursos contestatarios (o revolucionarios como ellos
lo llaman) son un desvarío simpático en el hecho de compartir o no mi opinión
sobre la dictadura, la reforma agraria o el socialismo. Que ni el sistema tiene
la culpa y que todo esto siempre terminará igual: siempre. Que el comunismo ha
fracasado y que siempre habrá alguien que lucrará con el trabajo de otro. Mis
sueños sociales no caben en su perspectiva, se ríen un rato, cambiamos de tema,
no intentan ni intento convencerlos de los temas complejos como la fe, el golpe
militar, los detenidos desaparecidos, y a veces asumo que tienen razón. Para
qué calentarme la cabeza.
Luego
de atravesar una vida llena de malas decisiones, ni la música ni la lectura ha
redimido la visión crítica de lo que pensaba era la sociedad. Cuando estábamos
en el Liceo todo el mundo aguardaba que lo cambiáramos. Pero no contábamos con
la astucia de la fuerza de la costumbre, la desidia, la cruda realidad. Todo
ese entusiasmo juvenil y la soberbia ignorante de experiencia, terminan arrinconándote
en un trabajo mediocre donde el jefe que tiene dinero para pagar por tus
servicios en su puta vida leyó “Las venas
abiertas de américa latina” o un libro, pero factura lo suficiente como para disfrutar
todas las comodidades que el débito puede pagar en un mundo amoral y con
justificativo para cualquier libre iniciativa económica.
Dinero,
dinero, maldito dinero. Casi todo termina reduciéndose a eso. Todas las
necesidades tienen un precio, incluso las necesidades que no lo son. El que más
trabaja ya no tiene más poder de intercambio. El que más gana es el que
especula, el que apuesta, el que juega con el dinero de otros en el gran casino
del libremercado. Y si todo falla, el
gobierno lo salva, y todo empieza de nuevo con nosotros en el culo de la
pirámide, en la base de algo, en el podio de una gran nada.
Cuando
me hablaban de que el sistema funcionaba, supongo que tenía validez antes de
que los gobiernos comenzaran a salvar a los bancos. Ahora qué los diferencia
del comunismo o los socialismos reales, si la manufactura del mundo está en la
dictadura comunista con los trabajadores-esclavos más baratos del globo. Se
confabularon todos en un gran engaño. Y cada muerto de la revolución, cada
exiliado, siente que desperdició su vida por una triste ideología mientras un trabajador
explotado busca dar de comer a su familia con el poco tiempo que le queda.
***
Los
bancos son el objetivo. Los culpables de la Europa agonizante. Fumo mi
cigarrillo con la ventanilla de la “caminito
al cielo” abajo y la radio local reproduce un comentario tonto del alcalde.
La transparencia de los vidrios del banco, las filas de gente aglomerada para
retirar dinero, abrir cuentas, sacar créditos, hipotecar su casa. El guardia
apoyando a un cliente por un cambio de clave en el cajero automático. Exhalo el
humo. Cuento los guardias, los burócratas, la gente, los peldaños de la
escalera de entrada, de salida, las cámaras. Pienso que sería buena idea usar
pasamontañas y quemar la ropa luego del atraco. Buena idea.
***
Hay
tanta gente que no le trabaja un peso a nadie. Rolo cree que debemos hacer
la movida como lo hacen los zánganos canallas del pueblo. Andan en los
mejores autos, con las mejores minas, descansados, impúdicos, con gafas Rayban porque vendieron 100 kilos de
yerba o porque se cagaron a algún viejo del campo reventándolo en créditos.
Hijos de la Gran Puta: la gran casa, la gran camioneta, la gran vida. Impunes
mientras nosotros trabajamos 14 horas al día, 84 horas a la semana, con la
espalda hecha un nudo y los ojos rojos, el cuerpo deshidratado y en la boca el mal
aliento de saborear las sobras de lo que ellos disfrutan, sólo por ser honestos.
Envidia
es lo que nos jode ahora. Uno que nunca deseó nada más que ganarse la vida
decentemente, porque eso fue lo que nos enseñaron, no es suficiente. La
televisión tiene la culpa y las series de narcotraficantes. La solución a nuestros
problemas es un arma.
***
Quedamos
de juntarnos a las ocho. El otoño se manifiesta en frío aliento y un sol tímido
tras la montaña. Rolo cronometra en
una esquina. Dos pendejos esperan la hora de la entrada. Si todo se complica,
todos tienen una ruta de escape. Espero que nadie olvide lo que tienen que
hacer: no confío en los mocosos que contactó Rolo, pero respecto a eso no puedo
hacer mucho.
Las
coartadas son perfectas. Nadie de nuestras familias sabe dónde estamos más que
el código de póker-club de Toby con
una probable borrachera matutina por el trasnoche. Debe ser sencillo, nadie
sospechará de dos oficinistas frustrados buenagente.
No nos iremos del país pues le debemos al fisco, algunos bancos, unas multitiendas
o a la universidad. Usamos cuello blanco y corbata, cenamos diligentemente con
nuestras familias, tenemos un historial impecable, pero no financiero. Queremos
el auto y la casa, la familia numerosa y un clan leal a nuestra causa. No es
mucho pedirle al destino que nos otorgue esta jugada. Tenemos muchas más posibilidades
de acertar que jugando un Kino. Debemos mantener la calma. Uf. Todo saldrá según lo planeado.
El
señuelo para llamar la atención de la policía son dos motines en dos sectores
alejados del pueblo y un gran incendio. La atención de los pacos no estará en
el banco.
La
señal la damos a las 8 en punto. Las llamadas para alertar de los motines se
reiteran desde un celular desechable. Luego, hacemos detonar el incendio. Fue
una explosión simple de nitroglicerina que se me ocurrió con jabón investigando
un poco del “Club de la Pelea”.
Espero que no haya sido mucho. Me pregunto si será natural que hayamos empezado
esto, nosotros, dos simples weones
jugando a la gran mafia. Es nuestro momento. Vemos partir a los bomberos y a
los pacos. Los motines los instigó Rolo,
el carismático hijo de puta que no quiso asumir la política del partido: hacer
lo que quieren en Santiago. –qué saben
ellos- exclamó golpeando la mesa. -Piensan
que tienen todo porque están atornillados en sus escaños y acuden a nosotros cuando necesitan votos. El
día de la penca pelearán por nuestras necesidades regionales-. -Necesitan lacayos para sentirse importantes:
van a perder de nuevo-. – Nosotros…nosotros
volvemos a la calle: ¡INDIGNATE, WEÓN, INDIGNATE!- Y el vitoreo que
acompaña esas palabras es impresionante.
Ahora
que lo pienso esto del banco no es más que una jugada anarquista,
contestataria, antisistema. Si los bancos endeudan países y luego los salva el
estado: ¡somos unos héroes forajidos!
***
El
guardia abre a la hora esperada. Una vez que entra, Rolo lo reduce con éter. No
podemos desactivar las alarmas por lo que debemos operar rápido. Un mocoso
queda en la entrada del banco fumando para avisar por fono y otro en la ruta
por la que podrían aparecer los verdes.
Sabemos dónde está la bóveda y las cámaras, pero no sabemos cómo abrirlas. Nos
limitamos a entrar a las cajas. Suena la alarma. No hay pánico por nuestros
rostros pues llevamos pasamontañas y lentes amarillos de protección para la contru y guantes de goma que usan en los
hospitales para limpiar a los enfermos. Pero nuestra cirugía fallaba. Nos
miramos con Rolo y de una escalera que
da al subterráneo aparece un guardia que no pensábamos hallar. Apenas nos ve,
huye bajando las escaleras. Lo seguimos hasta alcanzarlo y no pudo sacar su
arma. Se meaba de miedo. Encañonado, nos ayuda a apagar la alarma y nos dice
cómo abrir la bóveda. Balbucea algo de su familia y que necesitamos otra llave
que tiene el agente. Le preguntamos cómo podemos solo sacar dinero fácil y nos
indica que hay unas bolsas que por protocolo se asignan en la mañana a las
cajas. Rolo va por ellas mientras miro por sobre el hombro con desprecio, al
guardia cobarde.
***
Desayunamos
cada uno en su familia. La movida salió
de acuerdo a lo planeado pero no por los millones que esperábamos. Para la
próxima, mataremos a alguien o explotaremos la bóveda. Aún no saben quién los
golpeó. En pueblo chico no es difícil sospechar de los de siempre y son ellos
quienes terminan pagando el pato. Los
honestos ciudadanos de familia, no inspiran duda.
Así
como está la cosa, es natural que
todos los que poseen, lo hagan como
nosotros o nosotros lo hacemos como lo hicieron ellos. Políticos, banqueros y
empresarios ostentan lo que tienen porque cada mañana se comportan naturalmente
con sus familias, luego de retornar de sus cofradías siniestras. El temple
sereno, la mente tranquila y el bolsillo completo: la trilogía del perfecto carerraja, pues saben que no los
investigarán ni castigarán. Tienen la certeza de hacer lo que todos hacen, y de
comportarse como si nada hubiera pasado, con el discurso moralista sin arrugar
un pelo de su ceño, tal como si ganarse la vida consistiera en un robo
cualquiera.
F I N