“El Pájaro en la ventana”
Brunosacro
Desde hace un mes, cada
mañana, mientras navego el sueño definitivo de un nuevo día, siento la mirada
siniestra de un pájaro de ojos rojos. Desde el seco frío y la convaleciente
noche, atraviesa el vidrio y luego, un agudo rasguño de patas y un firme
picoteo en la penumbra, acusan que debo levantarme; y me da miedo. Acurrucado entre
las sábanas, espero que el despertador del celular lo confirme sin mirar hacia
el recoveco donde debiera estar su sombra. Pero no puedo evitarlo, debo salir
de la cama y encender la luz. Balbuceo semidormido: “El pájaro…El pájaro…”
Cada día es lo mismo.
Dicen que es de mal agüero que un pájaro se pare en la ventana. Dicen que llama
a la muerte. Mientras me visto y preparo para el trabajo, pienso en mis seres
queridos y sus frágiles vidas. Con el agudo chillido de la ventana en mi mente,
el eco retorna, se transforma en el rostro de los que amo, uno a uno, mientras
el corazón se contrae y la mirada se incendia. Cierro la puerta.
Pienso que el pájaro
sólo debe volar y comer insectos. Tal vez por elección decidió ir a molestar mi
modesta rutina. Quizás sólo quiere ser mi amigo. Es libre. Cuando era joven
pensaba que todo era posible y que algún día yo podría volar si quisiera, como
un pájaro. Tal vez el pájaro es mi hermano y vino a buscarme y la única muerte
que anuncia, es la mía.
***
Llego atrasado a la
oficina. La hora de llegada es a las ocho, pero aplico criterio de trabajador
independiente. Sin previsión y sin salud, sin antigüedad ni seguro, lo menos
que podrían reprocharme son las horas que he acumulado llegando tarde. Y eso
que no cuento a mi favor las horas extras que no me pagan. Un boleta a
honorarios no puede organizar huelgas ni ejercer presión, por ahora.
Dicen que la vida es
bella. A veces lo comparto, a veces pienso que el pan no es duro, y eso está
bien, por ahora. Recibo solicitudes y papeleos. La genta que llega a mi mesón a
veces desesperada, a veces molesta, recibe respuestas parecidas. Y cuando la
necesidad es urgente, me siento culpable diciéndoles lo mismo, cada día. La
cara se me endurece y el corazón se me aprieta: envejezco o tengo el corazón de
abuelita. Pienso en lo insensible que me he vuelto y lo aburrido de repetir
cada día, lo mismo. Mi sonrisa está cansada.
***
Me gustaría tener un
hijo. Tal vez cuando me contraten o encuentre un trabajo más estable. Un yo o
una ella que ilumine mi transitar en esta vida. No importa con quien. Pero ahora
estoy solo cómo el pájaro, triste como su sombra, frío como su entusiasmo sobre
la ventana.
Llueve. Los demonios
de la oscuridad compenetran las nubes y de una soledad gravísima, caen los
cristales desde el cielo. Algunos dicen que el algodón se está cayendo a
pedazos. Yo sólo digo que la esperanza de calor ha muerto. Blanco es el color
del invierno perfecto.
***
Fuera del trabajo hay
una frutería. Siempre compro manzanas y membrillos o peras. El frutero de
rutina me comenta que los pájaros viven como reyes. Yo opino lo mismo. Sin
preocupaciones, sin reglas, sin caminar, sólo volando. Sólo golpeando cada día
mi ventana.
A veces pienso que un
día me atreveré a mirar por la ventana y congelado o estupefacto veré la cara
de la muerte. Algún día.
Al volver a la casa
vacía solo puedo pensar en mis seres queridos. Los muebles viejos y sin sentido
reposan cada uno en su sitio esperando cumplir su propósito. Enciendo la tele y
el mundo y su ruido entra a mi vida. Que infierno: no conozco a nadie y ya
extraño a mis vecinos.
Acostado pienso con
placer en la oscuridad. Sólo como un pájaro con el pájaro en la mano. Doy pena.
Al despertar, el pájaro del terror en mi ventana, en una nueva mañana, me
atormenta.
***
Hoy un colega me
dijo: “debes ver un especialista”. Y le creí. Gano lo suficiente como para
hacerlo. Pero me da miedo que diga que estoy loco o estoy enamorado de mi
madre. Nunca me tincó eso del sicoanálisis.
Fui de todos modos. Cuando
vuelvo a casa y el oscuro invierno temprano me entristece, pienso que mamá se
ha ido y el pájaro es su mensajero. El sicólogo en seis sesiones sabrá lo que
tengo, por hoy solo pude contarle que mi infancia fue hermosa. Nada de pájaros.
***
Hay veces que el
pájaro revolotea en la ventana. Y hoy, aunque asustado, no pude continuar arrullado en la
cama escondiéndome, y vi la sombra. Un escalofrío fantasmal inundó todo mi
cuerpo y semiparalizado moví la cortina de la ventana. Y ahí estaba la sombra
negra del pájaro negro con los ojos rojos furiosos, con la pupila yerta y un
brillo amarillo, que al abrir el pico y regurgitar su lamento dijo: “él está muerto… él está muerto…”. Como
un cuervo maldito, su mirada de lado, cual desprecio, partió el seso, frío y
agudo como sus rasguños en mis ventanas, y recordé al viejo vecino, un
solitario hijo de dios abandonado por su familia a la vida. Hacía más de un mes
que no lo veía, desde que el pájaro comenzó a visitarme. Y la médula espinal se
me hizo chiquita para el temblor gélido que me recorrió y se me inundaron los
ojos de una pena que algunos llaman lágrimas que no había sentido desde la
muerte de mi madre. La última vez que lo había visto, el pobre viejo me arregló
el techo y me contó su triste historia. Precario como su soledad a deshora, pude
ver claro por qué el pájaro me anunciaba su solitaria muerte. De un salto me
vestí y partí a ver la choza que se hallaba tras el cerco de malla que separaba
nuestros predios. Y allí se encontraba su cuerpo, pálido y exangüe, vacío de la
pobre y cálida vida que conocí cuando le quedaba, lleno de la paz del descanso
definitivo.
“Pájaro, pájaro maldito, esta muerte es la que anunciabas” me dije.
Y los vecinos que llegaron, tras la policía y la ambulancia, también lloraron
la muerte del pobre viejo, que olvidado estuvo congelado, muerto y sepultado,
por el frío invierno.
Luego de llorar en
privado, partí al trabajo con la convicción de que si un pájaro volvía a tocar
en mi ventana, jamás en la vida permitiría que continúe golpeando. Pues ese
pájaro solitario es la vida de otro que rasguña la ventana del corazón de
torpes egoístas que sólo piensan en sí mismos en vez de compartir con otros, que
los necesitan, sus vidas.
F I N
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