viernes, 15 de febrero de 2008

El Cadáver de Kurasawa

Hola.
No sé por qué saludo si ni siquiera sé si esta wea la leerá alguie. En fin. Comienzo de nuevo.

Para la posteridad:
Soy un amante de la novela negra sin haber leido mucho. Soy un aficionado, así que para quien lea desde ahora, no se haga ilusiones. Se que lo contracultural y suburbano se ha puesto de moda y puedo ser un villano por eso, o porque repentinamente hallé en este pesimismo un concepto que se acerca a lo que siento.
Tal vez que malestares tenga la época. La imaginación construye realidades y también las mata.
He aquí un relato que pretendo continuar como así también a futuro nuevas historias.
Derechos de autor ? si, en parte este relato lo construí con un tipo nomenclado kurasawa en el foro hunterxhunter.cl., pero a quién le importa eso. Lo que ahora importa es continuar la historia.
Derechos de autor.....bah...Aquí todo está permitido salvo.....mier...no tengo memoria para eso...




EL CADAVER DE KURASAWA

Recostado estaba en su cama, pensándolo. Las cortinas eran oscuras y por lo mismo no sabia como había amanecido aquel día. No le importaba. Lo único que ocupaba su mente era cómo solucionar “el problema”.
Se enredaba en sus sábanas azules mientras redundaba en la pregunta incesante. Como hacerlocomohacerlocomohacerlo.
Las naranjas sobre el velador tomaron su atención un momento y sacó el cortaplumas del bolsillo para, una vez ocupado, guardarlo bruscamente. Se levantó de su modorra para abrir las cortinas y se dijo:
- que mas da, ningún hijodeputa podrá cagarme este día-
Se lo repitió en voz alta sólo para convencerse. Así tenia que de ser. Su hija lo aguardaba para regañarlo y no podrìa fallarle esta vez. Sòlo porque le debìa plata a Galvez, a el Chano y la Cuca, no tenia asegurada la muerte.
El sol brillaba sobre sus gafas, pero en su corazón temblaba una preocupación iracunda.

Aquella preocupación había decidido transformarse en una amenaza inminente, en un peligro real y cercano. Muy real y cercano. Su hija le hablaba mientras caminaban y se dirigían a realizar las compras, pero él no la oía, en sus pensamientos divagaban las ideas confusas y arremolinadas en ligeras nubes, hasta que Marcia Martines, que como siempre iba apurada y distraída, casi choca de frente con ellos.
Los dos melones que traía cayeron, rodaron hasta llegar a la calle donde uno fue aplastado por un auto. En cierto modo dio gracias por aquello, y cambio su rumbo junto con su hija y la flaca al mercado de la ciudad. Siempre le había llamado la atención la vida y los colores que se daban en aquel lugar. No era para menos, su infancia fue lejos de todo aquello.

Los gritos y aclamaciones de los comerciantes compitiendo por la atención formaba una cacofonía impresionante. Su hija, la de Marcia, observaba todo esto con ojos curiosos. Después de todo, el mundo entero era un lugar novedoso. Mientras esto acontecía, a la distancia se veía un furgón de carabineros. Por lo visto había ocurrido un atropello. Los curiosos miraban de lejos tratando de distinguir algo, mientras se veía sentado en una banqueta a un hombre apesadumbrado
-¿qué pasó?- preguntó uno de los mirones. Sus ropas indicaban que era un obrero. Las atracciones estaban vedadas para él, tanto como la mayoría de las comodidades.
-¡a ti qué te importa, pendejo! gritó un hombre sentado. Por su actitud, todos comprendieron que era un sujeto de clase superior. Al ponerse de pie, esto quedó claro, mirando todos hacia arriba donde quedaban por su talla sus ojos furiosos. El grito disolvió lentamente al grupo. Los primeros en irse cabizbajos fueron los cabezas negras seguidos de los eslavos. Quién querría meterse en líos con un hombre aparentemente fuerte.
La tensa calma volvía a la calle Rommel de Nuevo Berlín. La única calma que podía conocer un mercado: normalidad a gritos.

Nathan miró el rostro del cadáver bajo el vehículo liviano, que exangüe diluía su mirada en la nada. El hilo de sangre en su boca, cayó en dos gotas al suelo. El eco de la imagen golpeó en primer plano su mareo taciturno. Pudo oír el barullo del mercado, a su hija conversando con la chica de los melones, al opulento hombre del banco, que se marchaba, los flácidos brazos de la flaca.
La sangre y la muerte tienen extrañas formas de encontrarse. Hacen un preludio espeso de premoniciones fatalistas. A él lo asoló como un dolor agudo en la barriga, una imagen cruel de su hija con una bala en la cabeza y el mismo hilo de vida huyendo de sus sienes. En ese momento lo supo todo: debía ocultarse con ella, imperativamente, justo ahora.
Natan, no quizo parecer sospechoso ante su amiga, e ingenió la forma mas sutil de evadir su compañía. En otros momentos la hubiere buscado y deseado, pero hoy no era el caso. Tomo a su hija fuertemente de la mano y pidió a un comerciante que le indicara un baño
- esperanos Marcia, voy y vuelvo. Por mientras elige unos melones, tengo buen vino en casa , qué dices...-
Sin esperar respuesta se alejó en dirección al baño, esperó a que saliera su hija y se fue buscando la salida mas próxima de aquel bullicioso lugar. El taxi lo llevo hasta el banco y luego al aeropuerto. Consulto su reloj y los nervios comenzaron a invadirlo nuevamente.
- no - dijo para sus adentros, y continuó con su plan de huida. Sabía que después de un tiempo tendría que huir nuevamente , pero ya solo importaba su hija.

Marcia Martinez, la madre, la amante, la amiga, desconocía en absoluto los negocios de Nathan. Los únicos secretos que compartieron se relacionaban con la cama y con su hija. La flaca, amiga de ambos, disfrutaba acompañando la armonía familiar que entre ellos se daba, a veces, cuando jugaban a la familia feliz. Pero ya nunca los volverían a ver. Quien sabe en realidad que es lo que debía soportar de si mismo , de su esposa , de lo que el representaba y lo que en realidad nunca quiso hacer? Sucedían las cosas, solo le sucedían y nada mas.
Pensaba mientras iba camino al aeropuerto. Los ojos en un objeto invisible, la memoria, la preocupación, el temor, la muerte.
Al llegar compra los pasajes, se embarca y mientras espera a que el avión despegue, llega la policía a detener el vuelo. Las luces de las patrullas inauguraban el escándalo; el sudor lo rebosaba. Pánico, angustia, los ojos de su hija, iban en una ruleta de vertigo y náusea ascendente. Una semiautomática rompió los ventanales. La balacera lo dejó estupefacto y no atinó a otra cosa más que tirarse al suelo cubriendo a su hija.

....................

El piano del bar aun no tenían quien lo tocara, llevaba varios meses sin que ningún músico posaras sus dedos en aquellas teclas, al dueño del lugar no le importaba el tipo de música que en el se interpretara , mientras las notas salieran, todo estaría bien. Decidió poner un aviso en la ventana del local. Fue así como una tarde llego Marcia, atraída y dispuesta a probar suerte. Vestía una blusa celeste y un vestido negro con una medias rosadas a rallas, mas un pañuelo en el cuello igualmente rosado. Intercambio algunas palabras con el dueño del bar y quedaron arreglados para que empezara esa misma noche. Frente al piano podía ver la luna , una luna creciente que le inspiraba un deseo enorme de comer y volar. Satisfecho el publico y ella misma aquella mañana tomo un taxi y se dirigió a la playa
El sol a esas horas aun no salía y sabia que en nigun lugar encontraría una cantina o bar abierto, decidió esperar hasta el amanecer y pasear por la playa. Esa mañana tubo suerte. Regresaban algunos pescadores a la caleta y ella , inquieta en sus deseos, se acerco a ayudarlos y conversar. Mientras una ola le mojó los pies, el fresco mar le hizo recordar.
....................

Nathan pensaba en la llamada que le hizo Safran: era una propuesta escalofriante, pero que podría ayudarlo con sus problemas. Su rostro se desfiguró, y su hija no pudo pasar por alto lo que sucedía.

- No sé lo que le sucede a mi papá - Dijo la niña mientras caminaba de la mano de su padre
- Hace horas anda extraño, acongojado, pensativo. No puedo dejar de pensar en lo que sucedió en el aeropuerto...-

Nathan quedo absorto en sus ideas. El oleaje que rozaba sus pies no ayudaba mucho, solo provocaba que se sumiera aún más en sus pensamientos. Entonces miró a su hija Helena. A pesar de tener 13 años poseía una percepción desarrollada. En su mirada se podía leer que estaba entendiendo lo que ocurría.
- Necesito ese dinero, lo necesito... - musitó Nathan.
- ¿Que es lo que dices papá? - preguntó la niña.
- Nada, nada, no te preocupes...-

Debía hacer algo, aceptar o rechazar el "trabajo". Por lo pronto tenía que encontrar algún lugar donde dejar a su hija Helena. De pronto su celular volvió a sonar.
..............

Natan siempre se acusa a sí mismo de impulsivo. Sufre de cierto afán por martirizarse, de arrastrar un constante complejo de culpa. Es por eso que a las decisiones importantes o no, les da tantas vueltas. Pero a la larga termina aceptando: sea lo que sea para cumplir su objetivo.
Miró a los ojos a Helena. Poseía un brillo similar a los de su madre.
- Prométeme que no te moverás aquí- le dijo con una voz temblorosa, casi implorando.
- Hazlo, júramelo- repitió gritando con desesperación
La pequeña comprendió pero no pudo evitar horrorizarse. Tenía miedo; tanto o más que su padre. Hasta rompió en llanto.
La dejó encerrada en al apartamento, con el alma colgando hacia el abismo.

Quedaron de citarse en el centro, en el Cafe de Tanathos, un elegante y exclusivo cafe que solo se atrevían a entrar los que pensaban en que serian atendidos. Era una extraña politica del lugar que se reservaba este derecho. Un arma o dos no serian suficientes.
- que tal...Patroclo, andas con tabaco....?-
- mmm, no que lo habías dejado, moderfoka...?- respondió el hombrecito delgado pero rígido de músculos y cicatrices. Le esbozó una sonrisa de cortesía
- vas a tener que limpiarte el hocico...son puros de la mejor calidad...tabaco del primer mundo, moderfoka....- continuó el pequeño hombre pasándole un maletín largo como una guitarra.
- en qué andas Nathan, hace buen rato que te habías perdido...- se oyó en el claroscuro, ronco y claro.
Aquiles dominaba su espacio, tenía el porte, la mirada y la fuerza. Salió de las sombras y avanzó hacia su amigo disimulando el encuentro: las paredes tienen ojos. Nathan le devolvió una risa contenida. Sólo ellos se arriesgarían a traficar en público, a esas horas, para ayudarlo.
- Cuando quieras dar un último golpe, deberías pedir ayuda a zorros viejos. No pierdas esta costumbre, perro- sentenció Aquiles.
Nathan se levantó de su mesa con el maletín y maquinó tres gestos que servirían de contraseña. Entre perros, las señales son gruñidos; los gruñidos, claves para una emboscada.
Salieron del privado. Los cristales podían contener el ruido mas no los modales. El secreto del vip era una ilusión para ingenuos millonarios que aún se creían protegidos por la ausencia de micrófonos.
- algo más señor?- les preguntó el edecán a cargo de su consumo
- cárgalo a mi cuenta- dijo erradamente Nathan. Ahí no había "cuenta".
- que dijo el señor?- repitió el calvo mayordomo mientras recibía unos billetes de Aquiles bajo el impermeable que cargaba.
- que lo cargues a Elgueta- dijo esta vez Nathan, sudando frío.
El Tanathos, como El Estigia, era lugar de demonios. Tenía esa atmósfera de infierno y negocios de alma, vida por vida en el rodar de dados y el correr de las apuestas.
Rodeados de miradas asesinas, Nathan y sus amigos emprendieron la salida. Y una limosina los aguardaba, iluminada por los últimos rayos de la tarde, como un ángel. Tras ellos, dos hombres corpulentos los observaban con desenfado desde la puerta de salida.

La tensión que imperaba durante el camino, la rompió Aquiles recordando una vieja anécdota. Sin doble intención, haciendo reír de buenas ganas a Nathan y al Scarface que llamaba Patroclo, con la misma liviandad de hacía años, en otros tiempos, cuando podían jugar a morirse. Esbozando una sonrisa, pregunto a Nathan la hora exacta del encuentro
- pues no habrá encuentro mi buen amigo, solo pretendo aparecer y desaparecer lo mas rápido posible –
- cuantos son ellos- insistió Aquiles
- ni idea, no me interesa,...., solo se que la casa tiene un gran patio delantero y pienso que seria bueno que me dejaras por aquí, para cambiar de vehiculo. Safran no va a traicionarme, amigo- contesto con confianza, Nathan
- pero que te has hecho todos estos años, mierda..!!- interrumpió Scarface
- shhhhh, no digas nada, cambiaremos de auto como dices. Patroclo llama a Denice, que nos espere con uno bueno y discreto en el estacionamiento del Auriga.

La frialdad que Nathan había adquirido en esos momentos desapareció y nuevamente sintiose algo dubitativo. Una palmada en la espalda de parte de Aquiles , le devolvió la confianza. Patroclo y Salustio encendieron un par de cigarros de tabaco negro disfrutándolos en silencio y escuchando la radio. Tiempo atrás llegaron a la conclusión que escuchar la canción de su grupo favorito llamaba a la fatalidad. Ser algo supersticiosos fue la consecuencia inevitable de sortear lluvias de balas y altos niveles de adrenalina. Quizá eso los dejó medios locos. Por ahora se contentaban con el humo, pues no era un momento de verdad especial como para romper el acuerdo con el pelao Quinchero, solo sería un paréntesis pues el codigo de honor respeta alianzas por hermandad. Lo que ahora pensaban hacer era un mero asalto sorpresa con riesgos de sangre abundante, solamente.

Los hombres del Tanathos y el Pelao Quinchero vieron partir a los hijos de puta a las 21 hrs. Los recogió la limosina y se atrevió a descender del oscuro privado.
- quienes eran, Robert?- pregunto a los guardias un hombre delgado y calvo, de etiqueta y con un puro recien encendido en la mano mientras se les acercaba.
- Morrison, jefe. ¿lo seguimos?-
- no, déjalo ir, pero rastrealos por gps-
- ok, sr-
El calvo chasqueó los dedos y sus guardias se encargaron de traerle un vehículo. El mercedes vino de inmediato.
- llevame a la costanera, Lu, hoy quiero ver morir el sol...- dijo melancólico el cincuentón.
- como usted mande, jefe- contestó el chofer
- que piensas, LU, será una buena noche para la venganza?-
- eso depende jefe...-
- ....mmm?--
-de cuantas armas Morrison le haya traspasado a Cardemil Nathan-
- buen punto -
El silencio los acompañó el resto del viaje y la brisa del mar traía rumores de una fría noche.
...........

continuará...

No hay comentarios: